martes, 22 de enero de 2008

El Cadejo, un mito particular de la costa de Chiapas.

Leonor:
“Lo escuche de niña y me llamo mucho la atención. Mi mama, abuelos y tíos contaban acerca de lo que hacia el animal, el cadejo pues. Como niños pues, nos daba curiosidad pero mucho miedo, ya sabes como es la vida en el rancho, no había luz eléctrica hasta después de adolescentes. Nos decían que tuviéramos cuidado cuando salíamos, sobre todo cuando íbamos a vender, había que caminar mucho, y pues los caminos eran solitarios. Salíamos temprano de la tarde, para que no nos agarrara la noche al regresar, a veces bajo la lluvia pasábamos grandes pozas en donde el agua nos llegaba hasta el cuello, y pues ya sabes como son esos caminos, la sensación que tiene uno cuando anda solo, a veces sientes que alguien te vigila en el monte, pero siempre pude llegar a casa con bien.”

“Mi mamá nos decía que tuviéramos cuidado por donde andábamos, sobre todo en algunos lugares como la sombra de un mango y pochota que estaban aun lado del camino, pues decían que espantan o que se aparecía el cadejo ahí. Yo a veces veía cosas, pero no ponía importancia pues, ¿para que?, mejor rezaba.”

“La prima Rosa decía que si lo veía no le tendría miedo, es mas, que se pondría al tu por tu con el cadejo.”

“Conozco a los que ataco el cadejo, tío mene es uno de ellos, lo revolcó, bueno, a donde lo encontrará lo revolcaba así como a tía pia que le pasaba por debajo de la hamaca donde dormía, y pues le daba su revolcón. Yo lo vi al cadejo, cuando salía al baño de noche, ya ves que los baños los construían fuera de la casa, cuando salí me lo encontré entre las plantas, estaba como a 4 metros de mi. Los ojos eran como el carbón, rojos, y me miraba, ninguno se movió, solo nos vimos, era grande y negro casi no se le veía el cuerpo, así estuvimos hasta que se dio la vuelta lentamente y yo camine hacia atrás, rumbo a la casa sin dar la espalda al animal. Creo que siempre llego al patio, de noche, escondiéndose en las plantas, observando, solo miraba y pues nunca ataco a nadie en la casa y no supimos quien era, aunque unos piensan que era conocido de nosotros.”

“La señal cuando se aparecía, era que todos los perros ladraban mucho, se escuchaba como caminaban y ladraban, así avanzaban por la cuadra hasta irse muy lejos, o se escuchaba como lloraban de donde los revolcaban, porque si se escuchaba muy claro. Se le vio como en una ocasión muchos perros de por ahí se quedaban cayados cuando pasaba, era como si le hicieran reverencia, parecía la coronación de un rey, caminaba por en medio de los perros, erguido, dominante y negro con ojos de brasas, era impresionante ver la reverencia de los animales”.

“A tío Me se le apareció, nos cuenta que en varias ocasiones lo revolcó dejándolo muy mal. Él se canso de que el cadejo le hiciera eso, hasta que un día se armo muy bien, tanto de valor como de su machete y mecate. Al pasar por la sombra de la pochota que era muy grande, se le volvió a aparecer, y luego comenzaron a pelear pues, cadejo y hombre peleaban con furia hasta que el tio pudo maniatarlo como lo hacia con su ganado, luego comenzó a golpearlo con su machete, lo golpeo tanto que comenzó a sangrar, no lo mataba por que le daba con el costado del machete. Así lo amarro al árbol y ahí lo dejo para que quien pasará temprano al otro día, pues lo vieran y supieran quien era. Llego con un su hermano y soltó al cadejo pero ya hecho humano y dejo que se fuera sin ropa y quienes veían se enteraban quien era. Por la humillación no se le volvía a ver por ahí o mas bien ya no atacaba a esa gente, pero se seguía sabiéndose que había otras personas atacadas por otro cadejo.”

“De las ultimas veces que lo vi fue cuando iba a casa de mi hermana. Antes pues había mucho árbol, una noche fui a visitar a mi hermana como a las 7 y detrás de mi venía mi otra hermana, cuando pase por debajo de una rama grande que daba sombra al camino ahí estaba el cadejo, arriba de la rama, callado, no se movió, pase por debajo sin hacer caso hasta que llegue a casa de mi hermana, mientras que quienes venían de tras de mi al verlo se regresaron, quizás no los persiguió porque eran dos personas. Todo esto que te digo fue de joven pues.”

“De grande, pues, la rosa se volvió cadejo, ella misma me lo decía. Nos teníamos mucha estima y me respetaba mucho además decía que me quería mucho por nuestro parentesco así como por mi manera de ser. Ella era muy dada a reconocer a la gente que trabajaba, que no hacia daño ni molestaba. Siempre se enojaba con quienes buscaban hacer daño a alguien o que eran demasiado arrogantes, prepotentes, etc., a esas personas era a quienes ella decía atacaba el cadejo, y si pues, se sabia de eso, de cómo eran atemorizados esas gentes de las que ella decía. Era muy común que cuando nos encontrábamos y platicábamos me mostraba sus heridas, me lo decía, lo confesaba conmigo. Sabia de hierbas, curaciones. En ocasiones decía: <>. Y efectivamente lo hacia. Hubo quien se atrevió a preguntarle si ella sabia cómo o quién podría enseñarle a ser cadejo y demás cosas que se deben saber, ella contestaba con un acertijo y pidiendo que hicieran una actividad en un determinado cruce de un camino que ella escogía, esto como principio de ritual para saber si en verdad la persona tenía la capacidad y conocerla a fondo.”